sábado, 14 de noviembre de 2015

El bosque de los sortilegios - capítulo iv (12)

Me sentía un perro de caza, no trastabillaba, paso a paso lo intimidaba. El cerdo asesino gruñía. Pese a su bravura, retrocedía. Sus colmillos no me amilanaban. Yo tenía hambre de días, estaba dispuesto a todo con tal de echarlo a las brasas. Tan solo necesitaba perforarle la panza. 1, 2, 3, contaba en silencio, y sin pensarlo disparaba la lanza. Sus r...

Ir a anotación original